David Harding de Devon, Inglaterra no querÃa pasar por el duro trance de tener que elegir de entre sus muy queridos amigos a uno y sólo uno para que fuera su padrino de bodas. Asà que eligió al más peludo de ellos: su perro. Un springer spaniel llamado Frank.

El pastor de su iglesia no tuvo inconveniente cuando David lo propuso, asà que engalanaron a Frank con un cuello de esmoquin y un sombrero de copa.
Frank cumplió con sus obligaciones y no babeó más que el padrino humano promedio.
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